La inclusión
Tal como nos la presentan, más que ser la adaptación del individuo a la sociedad, busca la uniformidad en todos sus miembros -que todos hablen la misma lengua, que todos aprendan lo mismo en las escuelas, que todos piensen, vivan, crean y sienta igual-. Unos autómatas con dejos de libre albedrío.
Se busca y promueve una identidad. Se promueve como parte de nuestra personalidad, de nuestro Ser, como aquello que nos define. Ejemplo, la identidad nacional de los Nazis, de Mussolini, el KuKuxKlan , en fin, todos en pro de eliminar la diferencia. La latente característica humana: la diversidad.
Promover tener una identidad como parte de la personalidad es absurdo cuando la personalidad consiste precisamente en todo lo contrario a la identidad. La palabra identidad se refiere a la cualidad de idéntico, es decir, igual al otro. Una semejanza entre todos. La identidad es lo que nos hace Ser Nosotros, en conjunto, lo que permite excluir a Los Otros. Mientras que la personalidad es esa parte del individuo que marca la diferencia y le permite distinguirse de otro individuo.
La inclusión en su forma más idónea, consistiría en la aceptación de la heterogeneidad que componemos y no el anhelo de ser iguales. Rompiendo su propia semántica, convirtiéndose en No-inclusión, es decir, hacer a un lado los márgenes, los límites en los que se deben adentran los seres humanos. Borrando la normatividad de cómo ser humano, y solo ser.

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